lunes, 19 de marzo de 2012

Mis Recuerdos se evaporan

Una ventana raída por la sal y el viento dejaba pasar  un pequeño haz de luz; las paredes, hechas con materiales de otros tiempos, no dejaban escapar el frío de la madrugada, siempre quedaba un hálito de humedad entre sus habitaciones.

El sol no tenía piedad de un cuerpo que se enganchaba al sueño como único estado de perfección y estabilidad en sus pensamientos. Poco a poco, la luz se acercaba a su cara augurando un nuevo día.

Otra vez el sol en la cara, tendré que decirle a mi Pepe, cuando venga este verano, que la arregle. Me sorprendo a mí misma, en las primeras horas de la mañana recordando cosas y caras con normalidad, se ve que mi cabeza necesita muchas horas de descanso. Giro la cabeza y encuentro a mi nuera en la cama de al lado, cansada y con un leve ronquido que indica su antigua adicción a la nicotina.

Podría levantarme y preparar el desayuno, como he hecho durante los últimos 50 años, pero ya no recuerdo donde están guardados los vasos, el café o incluso las cucharillas; lo curioso es que yo organice la cocina y debería saber hacerlo con los ojos cerrados: Ahora entiendo al pobre perico.

Esta noche es especial para esta casa; la Semana Santa regresa, y  mis hermanos y yo nos miramos con lágrimas en los ojos, puede ser nuestra última. Temo que no sea la última, sino que sea la primera de muchas que quedarán en el limbo de mi mente, y ello a pesar de que nuestro Papa lo haya eliminado, yo lo siento dentro de mí.

Allí es donde quedan todos esos nombres y caras que te abordan por la calle saludándote con dos besos, te miran con cara de circunstancia -eso sí, con una sonrisa en la boca- y preguntan si es que no te acuerdas de ellos. Tu le dices que sí al principio, pero transcurridos unos meses ya ni siquiera te molestas en guardar las apariencias.

Este año puede ser especial: Le he pedido a mis nietos que lo graben en vídeo, así podré disfrutar de la Semana Santa mientras me quede un atisbo de memoria. Por mucho que se apaguen las luces de mi cabeza, nunca podrán llevarse consigo la noche en la que mi cofradía me premió: Con los míos rodeándome recibí un diploma que todavía hoy ilumina en la entrada de mi casa.

Siempre quedarán en mi memoria, ahora herida, las noches de Semana Santa: Cuando la hora de la procesión se acercaba, mi casa abría sus puertas y se convertía en la de todos; vecinos, familiares y amigos venían en pos de una túnica morada para salir en la procesión.

He visto a hermanos, hijos y nietos enfundarse como se enfundaban en las mismas túnicas, esas que ahora se prestan a todo aquel que quiera salir en la procesión. He pasado largas tardes atada a la mesa de la cocina con todas las túnicas sobre perchas y con la plancha en la mano para que todo saliera bien.  He salvaguardado contemplado armarios que escondían medallones y cordones en su interior y que no querían liberarlos.

Todo ello para poder disfrutar de la procesión de mi cofradía, Nuestro Padre Jesús. Este año no será lo mismo, esperaré a mi hija o a mi nuera y saldré a la puerta para  ver desfilar los pasos.

Me emocionaré más que cualquier año, pero no me sentiré participe de esa procesión, mi cuerpo no me permite ser la misma de antes, no me permite aportar el granito de arena que siempre daba; espero que el Señor que cuida de nosotros no se moleste.

El tiempo es amigo de estas paradojas; nos lo da todo para luego arrebatárnoslo de golpe. Como dijo el autor inglés que mi nieto me lee algunas tardes y que nunca sé pronunciar “Malgasté el tiempo, ahora el tiempo me malgasta a mí”. Tendré que conformarme con mirar y hacer lo que pueda, no me queda otra.

Mi nuera ha dejado de respirar de forma acompasada, está a punto de despertar. Se da la vuelta, me mira y me dice:

- ¿Ya te has levantado?

- Llevo tiempo despierta.

- “¿Has tenido algún accidente esta noche?”, pregunta mientras se levanta y toca las sábanas.

- Todo bien, esta noche he dormido profundamente y no he tenido ningún problema, le respondo.

Mientras se despereza me dice:

- Muy bien, voy a prepara el desayuno, tu enciende la vela que ya ha llegado: ¡Hoy es Jueves Santo!

viernes, 3 de febrero de 2012

d) Todas las respuestas son correctas

Anoche fue una de esas ocasiones en las que tu cerebro abandona el cuerpo y permite que el alcohol campe a sus anchas por la sangre. Después de la segunda botella de vino perdí la noción del tiempo y del espacio; solo veía gente a mí alrededor, ni siquiera era consciente de donde me encontraba.

Esa maldita zorra de Inmaculada (curioso nombre para una mujer que no conoce el gel íntimo) me llevó a casa de unos amigos suyos para una fiesta y me abandonó en mitad de la noche, o eso parece, ya que me he despertado en un suelo que me es desconocido.

No es de extrañar que me quedara durmiendo en el primer lugar que pillara, tampoco sería la primera vez que me dejo engatusar por unas buenas tetas, para después perder todo mi dinero en extrañas circunstancias.

Al levantarme del suelo noté un dolor extraño en el estomago, es como si hubieran enchufado una lavadora con más de 12 años; no es bueno mezclar comida turca con vino y cerveza barata. Madre mía, vaya una digestión que me esperaba.

No hay nada mejor para un hombre estreñido y con almorranas que una buena sesión de vino barato, te conviertes en el macho alfa de una manda de mandriles: Todo rojo e irritado. Una mañana de resaca equivale a una buena sentada en el trono por excelencia, notar como tu cuerpo se desprende de la mierda (con buen olor y sabor) que le metes por la boca no se puede cambiar por nada del mundo.

Todo iba perfecto, mi cartera estaba en el bolsillo interior de mi chaqueta, y solamente había desaparecido un billete de 20. Además estaba en una casa, aparentemente, limpia y sin cucarachas; todo hacía indicar que solamente vivían mujeres, es decir, un baño aseado, con buen olor y con un papel higiénico suave y en abundancia; se acabaron las hojas de sucesos y política del ABC.

Busqué por toda la casa algo que llevarme al baño para ojear mientras disfrutaba del momento, prefiero que se rían públicamente de mí al llevarme una revista al baño, a sentarme y leer el prospecto del champú como un gilipollas, aunque esto último sirva para aprender idiomas.

Buscando entre los envases vacíos y los ceniceros llenos, encontré una revista con una mujer mayor y ridícula en la portada, al parecer sus siglas daban nombre a la publicación. Al ojearla me di cuenta de que al final había varios test para resolver y descubrir tu verdadera personalidad, tu lado más femenino para así encontrar a la pareja perfecta, valiente gilipollez.

Cuando me disponía a entrar al baño para realizar el valioso test apareció una mujer de entre la penumbra. Pelo alborotado y pijama rosa muy ancho escondían todo lo que antes enseñaba con picardía, en la ceremonia en homenaje a Baco, ahora mostraba la verdadera imagen de un cuerpo machacado por el alcohol y las drogas.

- Tu cabronazo deja mi revista y vete de mi casa, le prometí a Inma que te dejaría dormir en mi moqueta y que te echaría cuando te despertaras, me dijo mientras se rascaba una de sus nalgas gigantescas.

- ¿Dónde está mi novia? Le dije

- Buscándose a otro tío que se la meta, porque tú eres un puto borracho, ahora márchate de mi casa.

Por lo menos tuvo la amabilidad de regalarme la revista que llevaba en la mano, así podré terminar ese test tan raro. Al ver las preguntas que formula he recordado mi breve estancia en la universidad, a pesar de ser una carrera de las denominadas de letras, todos los profesores avocaban por un examen tipo test.

Fue una de las razones por las que decidí abandonar mis estudios, además de que la mayoría de los profesores que se subían a la tarima eran unos ineptos e incompetentes. Todos ellos tenían las manos demasiado blandas y lisas para saber lo que era trabajar, todos ellos me veían como un inmigrante ilegal, no debería estar allí y así me lo hacían saber.

No obstante me lo pasé francamente bien durante esos meses, ves como el sistema está creado para que los ineptos asciendan hasta las cotas más altas, solo por el simple hecho de tener una cartera de repleta de buena intención. Todo ello bien condimentado con un nombre conocido y una familia considerable.

Vaya una resaca mala que tenía encima, ¡estaba recordando mis tiempos universitarios mientras paseaba por la calle! La vieja lavadora que tenía por estomago no paraba de rugir y centrifugar; tenía unas ganas de cagar impresionantes.

Estaba demasiado alejado de la zona de bares y grandes almacenes para poder meterme en un baño público, no me quedaba nada de dinero para pedir un taxi e ir a casa, además, no creo que Inma me dejara entrar conforme la líe anoche.

Como decía mi abuela, Dios aprieta pero no ahoga. En esta ocasión el graciosillo de arriba me había proporcionado una revista y una larga hilera de coches, como hicieron mis antepasados en los caminos de tierra interminables, iba a defecar en plena calle.

Había que buscar una situación de privilegio para este acto, aunque no tenía mucho tiempo, ya que, el programa de centrifugado había terminado y la lavadora estaba pidiendo que abrieran la puerta; malditos los turcos y maldita su comida. Un mercedes y un BMW fueron los elegidos para ver a un hombre cagar en plena calle, ya que lo vas a hacer, porque no hacerlo con estilo.

Me bajé los pantalones y los calzones, cuando me disponía a liberar la ropa sucia de dentro de mi cuerpo un hombre uniformado se situó frente a mí y miró hacia abajo para decirme:

- ¿Qué coño estás haciendo?

- Pues intento cagar con estilo, aunque la vista de un pitufo gigante y gordo no me deja hacerlo a gusto. ¿Por qué lo dices?

- Pasaré por alto los insultos a un agente de la ley, pero no puedo hacer lo mismo con lo que está haciendo usted en la vía pública. Lo voy a tener que multar por ensuciarla, me dijo el policía mientras escribía en una libreta.

- Si no hay un baño en kilómetros a la redonda, ¿Qué coño quieres que haga? Le dije con la revista en la mano.

- Ese no es mi problema señor, ahora si es usted tan amable rellene esto, me dijo ofreciéndome un papel y un bolígrafo.

- ¿Qué se supone que es?

- Un pequeño test que debemos entregar a todos aquellos que son objeto de una multa.

Una vez más la humanidad demuestra su estupidez a través de un test, ¡ni cagar puede uno a gusto leche!

sábado, 7 de enero de 2012

La navidad, esa etapa del año de felicidad y generosidad

Anoche entró un señor gordo por mi chimenea vestido de traje y corbata. Me quedé sorprendido ante esta situación y le pregunté:

- ¿Eres Santa Claus?

Mientras abría mi cartera, que estaba encima de la mesa, me miró y me dijo:

- Que voy a ser Santa Claus, serás capullo

- ¿Entonces quien eres?, le pregunté

- Soy el hombre que el FMI manda a todas las casas para desearos feliz navidad, además de para coger todo el dinero que pueda.

- ¿Y eso porqué? Le dije asombrado

- Porque hay que ayudar a los bancos a que se hagan más ricos y cuando ingreséis algo de vuestra mísera paga os puedan regalar un jarrón o una vajilla.

El hombre empieza a escalar por la chimenea con el dinero que ha encontrado encima de la mesa. Antes de irse me dice:

- Oye prepara algo que vienen los reyes magos de camino

Me quedé estupefacto ante tal situación, ¿los reyes magos?, pero si es navidad y ellos vienen en año nuevo. No me podía creer lo que me estaba pasando. No obstante, cuando pensaba que ya había pasado todo y nada nuevo me podía sorprender, vi como la puerta de mi casa se abría.

Entre una niebla espesa entran tres figuras vestidas de chaqueta y corbata. El primero es alto, con el pelo corto y un tono de hablar que desvela su procedencia; Catalunya. Se acercó a mí y me preguntó:

- ¿Estarías dispuesto a aportar dinero a mi empresa?

- ¿Perdona? Le dije

Me rodeó los hombros con sus larguísimos brazos, como si fueran de jugador de balonmano, y me dijo:

- Mira ‘noi’ no estoy pidiéndote dinero para mí, es para todos aquellos que lo necesitan. Haciendo esta obra de caridad estarás aportando tu granito de arena para que la sociedad sea más justa y equitativa. Yo solo soy el mensajero de vuestra obra.

La verdad es que parecía un buen tío, además todo lo que hacía era por el bien de las personas más necesitadas, ¿Cómo no me iba a fiar de él?

- Está bien, espere un momento que arriba tengo mi cartilla de ahorros y un blog de cheques que me regaló el banco para que esta navidad pudiera comprar con facilidades. Como es una buena obra le daré un tercio de mis ahorros. ¿Le parece bien?

- Estupendamente. Y recuerde todo esto lo hace por una buena causa, le mandaremos una postal felicitándole la navidad y recordándole lo buena persona que es.

Cogió el cheque y salió por la puerta con una gran sonrisa en la boca, que hombre tan raro, pero qué bueno que era.  

Nada más salir por la puerta el hombre alto entró otro, este no era tan grande pero si era muy gracioso. Tenía barba y hablaba con un deje muy simpático, parecía como si te estuviera tomando el pelo todo el rato.

- Buenos días, me dijo

- Señor son las 12 de la noche, le digo asombrado.

- Como he cambiado de casa no sé ni la hora que es, perdóneme usted señor 

- Y para que has venido a mi casa, si se puede saber.

- Mire usted, yo vengo a proponerle una situación inmejorable para todas las partes en conflicto, primero necesito una buena donación y después conseguiré que este se torne en beneficios sociales para su persona.

- ¿Y cuáles van a ser esos beneficios sociales y como lo va a conseguir?

- Serán  totalmente beneficiosos para usted, no debe preocuparse de nada, todo está hecho para que cuando menos se lo espere esté viviendo como un marqués. Además, ayudará a toda la sociedad a vivir mejor.

Estuvo 25 minutos dando explicaciones vagas y sin sentido. Solamente quería que le diera mi dinero, para así hacer algo positivo para la sociedad. Por lo menos está cargado de buenas intenciones, además me amenazó con mandar a sus elfos vestidos de azul si no hacía caso; Ya solamente me quedan un tercio de los ahorros. 

- Pero ¿qué puedo hacer?

- Confíe en mi señor, yo soy el rey mago que sustituye al del año pasado, a ese que venía ofreciendo rosas roja de forma gratuita, para después cóbratelas durante todo el año con intereses altísimos. Me dijo, mientras recogía el cheque con un tercio de mi riqueza.

Solo quedaba una parte ínfima del dinero que tenía para vivir unas navidades en familia y desahogadas. Pero tenía que ser un buen ciudadano y aportar a la sociedad lo que ella me daba de forma gratuita; no solo tengo beneficios, también tengo deberes, aunque últimamente parece que estos últimos se han multiplicado peligrosamente.

Desde mi infancia me habían enseñado que los reyes magos eran tres, pero uno  de ellos no aparecía; Seguramente se habrá extraviado por el camino, aunque me extraña. Al final una figura envejecida entró por la puerta,  cojeando y con unas gafas oscuras, que tapaban la mitad de su cara; Sin embargo, no impedían que fuera vestido elegantemente. Le mirabas y podías ver como este rey tenía cierta aura de grandeza, como si la sangre le brillara para diferenciarse de los demás.

Le ofrecí un sillón, parecía que no podría aguantar mucho tiempo de pie. Pero me negó el asiento con la cabeza y se sentó en una silla normal y corriente, me miró y dijo:

- Me llena de orgullo y satisfacción venir a su casa para ofrecerle un trato que no puede negar.

- ¿Qué desea? Le dije.

- Venía a contarle la buena labor que desde nuestra institución estamos haciendo. Silenciamos, en una época pasada, aquellas voces que no permitían la evolución de este, nuestro querido país además, vamos de aquí para allá estableciendo buenas relaciones con todos los dirigentes del mundo.

- Me parece muy bien pero ¿Qué quiere? Le pregunté mientras guardaba el talón de los cheques.
Mirando fijamente el movimiento que hacía con mi brazo al guardar la cartera me dijo:

- Estamos pasando por tiempos difíciles, a pesar de la riqueza que dicen que acumulamos, tenemos que mantener muchísimos edificios y monumentos históricos del que os beneficiáis todos. Vengo a pedir los emolumentos por tal labor.

- ¿Cómo? Le dije sorprendido

- Pues que me tienes que dar un tercio de su riqueza para el mantenimiento de la corona, intentaba pedírselo de forma educada y apacible, no haga que me tenga que poner serio. ¿Estamos? 

Aquél señor aviejado, que hablaba apaciblemente, se convirtió en un ser autoritario y fanfarrón; Se quitó la máscara para enseñar su verdadera cara. Exigió su dinero, que le di sin dilación, y se marchó tranquilamente con una sonrisa en los labios.

La navidad desapareció bajo la estela que marcaron los reyes magos y su colega, Santa Claus. Ahora solo me quedaba el regalo de los pobres, la salud y la felicidad; al fin y al cabo todo el dinero ganado con el sudor de mi frente había ido a parar a aquellos que cuidan de mí y de los más necesitados. No puedo pensar mal de ellos, nunca me engañarían. ¿O sí?

domingo, 4 de diciembre de 2011

No tiene Nombre

Si algún día tienes que irte de aquí hazlo por la puerta pequeña, que la grande hace demasiado ruido.

- ¡Eres una zorra!, dije mientras lanzaba una botella de cerveza vacía contra la pared.

- Soy una mujer con necesidades, y tú un hombre impotente.

- ¿Impotente? No, desilusionado.

- Sabías que esto podía ocurrir, no me vengas ahora con el cuento de macho herido, dijo mientras encendía un cigarro.

- Pues vete de aquí y no vuelvas, no me gusta tu presencia. Y deja de fumar de una vez dentro de casa. Dije mientras me sentaba en el borde de la cama.

- Para eso vine a verte… dijo mientras apagaba el cigarrillo en un cenicero.

- ¿Qué quieres?

- No has ganado un duro en los últimos meses, así que me quedo con el alquiler de este pisito. Me dijo mientras buscaba mi maleta en el armario.

- ¿Cómo? Le dije.

- Pues que ayer hablé con la casera y está de acuerdo en echar de su propiedad a un borracho y asqueroso hombre sin trabajo. Si te gusta bien y si no pues llama a la policía. Seguro que creen a un hombre y no a dos mujeres desvalidas.

- Eres una zorra. Le dije mientras tiraba mis pocas pertenencias a la maleta.

Mientras llenaba la maleta, mi ex mujer -omitiré su nombre por desprecio- deambulaba por la casa recogiendo todo lo que le recordaba a mí: Una botella vacía por aquí, una camisa rota por allá y mucho odio y rencor por toda la casa. 

Ya no recuerdo que número es esta,  ya pasan de la decena con la que he estado. Espero que la siguiente sea más de mi agrado. Lo que no recuerdo es como llegué a esta situación tan, digamos, embarazosa. 
Respondiendo a necesidades imperiosas de dinero acepté trabajo en el gabinete de un detective privado. 

Suena muy extraño, pero no dista de ser un trabajo más. Tienes una rutina que cumplir en cada caso, a pesar de las particularidades que se puedan presentar. A los pocos meses mi jefe me felicitó por la excelente labor que estaba llevando a cabo; mi aspecto de normal tirando a borracho ayudaba mucho en las vigilancias.

Como premio por el buen trabajo que estaba haciendo, me ascendió a investigador en solitario. Estaba preparado para mi primer caso. Sin embargo, ahora que no era ayudante la remuneración era muy diferente; dependía exclusivamente de lo que cobrara de los clientes y debía dar un tanto por ciento a mi jefe por buscarme los contactos. No obstante, estaba muy contento, ya que me consideraba un buen investigador.

No tardó en llegar la primera oferta para mí. Una mañana calurosa de mayo mi jefe me dejó unos informes en mi nueva mesa.

- Algo fácil y que te dará un buen fajo de billetes.

- ¿De qué se trata? Le dije mientras abría los informes.

- Es el tópico numero uno. Una esposa que no se fía de su marido. Paga en efectivo.

- No está mal, viendo la sequía de pasta de los últimos meses va a ser un trabajo fácil y bien remunerado. 

La emoción de los primeros días pasó rápidamente. El marido era aburrido a más no poder. Todos los días se marchaba al trabajo, desde casa, sobre las 8 y media de la mañana. Desde las 9 hasta las 2 estaba en la oficina, después se marchaba a casa a comer para volver al trabajo a las 3 y media.

Lunes, miércoles y viernes iba al gimnasio y volvía a casa, los demás días se dirigía a su hogar directamente. Los fines de semana tampoco eran muy moviditos: Solía ir con los amigos o con algún familiar a tomar unas copas durante el día, no obstante, siempre estaba en casa antes de las 10 de la noche; si este hombre tenía una aventura la escondía muy bien. 

Tras tres meses de vigilancia ininterrumpida me harté y dejé de seguirle. O sabía que lo estaban vigilando o era un tipo triste y normal; no hacía nada fuera de su rutina. Decidí ir a casa para dar una alegría a mi chica, llevaba unas semanas muy raras. A veces me recibía muy contenta, sin embargo, otras ni me dirigía la palabra. Además, llevaba demasiado tiempo sin pasar una noche romántica con mi amada.

Estacioné frente al edificio-pensión donde vivíamos, saludé a la ‘simpática’ de mi casera y subí las escaleras con una botella de vino y una bonita rosa. Abrí la puerta silenciosamente para dar una sorpresa a mi amada. Todo el piso estaba en silencio, solamente se escuchaba la televisión procedente de la habitación donde dormíamos.

Al abrir la puerta de la habitación encontré a mi mujer encima de una señora, enfrascada en un 69 bestial. La televisión solo servía para disimular los gemidos de gozo que las dos mujeres estaban teniendo. 

Solamente cuando la botella que llevaba en la mano se hizo añicos contra el suelo, las dos mujeres salieron de su letargo. Mi mujer me miraba con cara de circunstancias y felicidad a la vez, como si se hubiera quitado un peso de encima. Cuando la otra giró el cuello pude ver su cara fácilmente. Era la misma mujer que me había contratado para que vigilara a su marido. Muchas cosas empezaron a encajar desde ese momento.

sábado, 19 de noviembre de 2011

El futuro, una quimera

El mejor momento de la vida de Carles Lianiaski es el de sacar la basura. Es el único en el que puede estar tranquilo con sus semejantes; los desperdicios y las inmundicias.

En un cubo de basura se pueden encontrar cosas curiosas, a través de los desperdicios puedes saber más de una persona concreta. Que le gusta comer, que productos de aseo usa o las cosas que ya no le interesan. Suena un poco a enfermo mental, sí, pero también hay personas que se dedican a especular con la muerte de los demás y son reconocidos en la sociedad.

Para Carles es un ‘lujo’ poder examinar la basura de sus vecinos disimuladamente mientras se fuma un pito. Es una manera cobarde y asquerosa de escapar del suplicio de su vida. Su mujer, su jefe, el alquiler, la bebida, todo ello lo empequeñecen hasta convertirlo en una babosa repugnante que vive de lo que recoge del suelo.

Realmente la vida de un hombre de 40 años sin trabajo estable, eso es el 80% de la población de este jodido país, es muy triste. En parte, es malo haber vivido la época de bonanza sin llegar a ser consciente de la situación.

A veces, pienso que no debería haber tomado algunas decisiones, y cada vez que veo a mis hijos se me revuelve la conciencia. ¿Por qué los traería a este jodido mundo?

Cuando leí a Aldous Huxley y su cinturón de castidad me reí un montón. Las personas tenían la capacidad de controlar la fertilidad a su antojo por medio de diferentes métodos anticonceptivos. La actualidad no es algo muy diferente, en vez de esos bonitos cinturones maltusianos tenemos farmacias repletas de anticonceptivos. Tenemos la sensación de que tenemos el control sobre nuestra fertilidad, ¿Eso es así?

Uno de mis hijos tiene 28 años y vive con nosotros. Desde hace varios años tiene pareja estable pero no consigue construir una relación independientemente real de sus padres. Una casa vale más de 50 millones, de las antiguas pesetas, y un sueldo no llega a las 100 mil de las antiguas pesetas. Si por lo menos tienes la seguridad de que cobrarás esos 600 euros (con suerte cobras eso, la realidad es que son unos 300) durante un tiempo indeterminado, por lo menos, te da una estabilidad, pero no es así. Duermes con la espada de Damócles sobre tu cabeza.

Temo que mi hijo me diga que voy a ser abuelo. Haría un esfuerzo para que su ‘mujer’ no diera ese paso. No sería difícil convencerla; los argumentos son tristes pero reales.

¿Dónde vais a vivir? En casa de tu madre o en la nuestra, porque eres consciente de que, con la que está cayendo y con vuestros, supuestos, sueldos no os darán una hipoteca en la vida, además, si os la dan os pondrán una bola al final de la cadena muy pesada. Eso es, no tendréis casa en la vida.

Me puedes contestar que os vais de alquiler, perfecto. Las personas que ostenta en privilegio de tener en propiedad pisos o casas os consideran una ‘hucha’, es decir, meterán dinero al principio para que os quedéis la casa, así al romper la hucha al final de cada mes se haya multiplicado por arte de magia. Hablándote claro, los alquileres están por las nubes y las ‘casitas’, sí casitas, suelen ser una fantástica mierda.

Luego tendrás el gasto de la parejita, no tendréis ni un solo artículo de los llamados de lujo. Estos son los siguientes: comida que esté un nivel por encima del chóped y el paté, ninguna clase de tecnología, no podrás contratar ningún servicio por encima de los esenciales; luz, agua y gas, además de comunicarte a través de las cucarachas que rondarán por tu cocina; nada de móviles. Si esto es difícil, imaginad con un niño que se lleva el 80% del presupuesto mensual de un sueldo ‘normal’.

A este modelo de vida lo llamaría ‘castración estatal’. Estamos superpoblados y no debería haber tanta gente en este país, ¿Qué hacemos? Vamos a hablar con la Unión Europea y los americanos a ver que dicen. El resultado fue bastante, digamos, al uso. Estos políticos lo solucionan todo de la misma manera; quito dinero de aquí y de allá y lo meto en mi cartera.

La ‘solución final’ de los países pseudodemocráticos fue inventar una crisis para así reubicar a los ciudadanos. La reina está asentada en su trono y ordenada a sus subordinados que expriman y desangren todo lo posible a los más pequeños. Vamos a estrujarlos tanto que la procreación va ser un artículo de lujo. Solamente dejaremos que trabajen para nosotros y elegiremos cuando se pueden reproducir.

Suena un tanto tajantes, serán los efluvios del contenedor de basura. Pero es así como lo veo. Desde que empezó la crisis son cada vez los que estamos enfermos, es decir, somos más los que buscamos en la basura. Lo mío es solo por deporte, pero el que me está jodiendo todos los viernes es por necesidad.

Apago el pito y lo tiro dentro del contenedor haber si arde y nos divertimos un poco en el barrio. Voy a casa a ver mi nueva tele con tdt incorporado, como añoro mi vieja Philips, en mi sofá sueco y comiéndome unas patatas del supermercado que viene de tierras valencianas. A disfrutar de la vida que son dos días. Para los que venís a presentar vuestras credenciales en esta época, solamente una observación, intentad vivid del aire, es vuestro futuro.

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