viernes, 7 de abril de 2017

Diferentes perspectivas




Siempre he odiado despertarme, mirar el reloj y comprobara que sólo quedan veinte minutos para que comience a martillear mi cerebro con su sonido estridente. Mi abuela siempre decía que al que madruga Dios le ayuda, si estuviera aquí le contestaría que tienen toda la razón del mundo, pero que el Domingo es el día del Señor y hay que respetarlo.


Desconecto el maldito chisme del demonio para que no suene, abro la ventana y percibo el olor a humedad que fluctúa por el ambiente. Frente a mí las palmeras continúan su búsqueda del país de los gigantes  y  despiertan el deseo de poder alcanzar el cielo en busca de mi gallina de los huevos de oro.

Sin más dilación me dirijo a la ducha, me afeito y me enfundo la camisa blanca, el pantalón negro, el mandil del mismo color y el pinganillo que me detalla todas las comandas del día. Domingo antes de un puente, se antoja una de esas jornadas que tanto apreciamos los trabajadores que estamos, por contrato, a tiempo parcial.

Tras el primer café de la mañana salgo de casa, cierro la puerta y al darme la vuelta veo como aparca un Mercedes de color negro frente a casa. De este deportivo se baja mi vecino Luis, que me reconoce y rápidamente viene a saludarme.

Con un ligero tufillo a whisky me da la mano — Muy buenos días Carles — me estruja con fuera mis adormecidos dedos.

¿Y este pepino que te has agenciado? Contesto mientras me acerco a la ventanilla para ver el salpicadero.

Me lo ha regalado mi padre por mi cumpleaños, el otro coche estaba viejo y me había dado algún que otro fallo durante los últimos meses.

Todo orgulloso utiliza su llave para abrirlo a distancia y me enseña el ordenador de a bordo, el acabado en madera noble de los detalles y unas cuantas cosas más que nunca había visto en mi vida. Al acercarse para mostrarme el coche pude apreciar que estaba muy moreno para la estación del año.

¿Estás muy moreno no?

Cierra el coche, noto como el pecho comienza a inflarse y los hombros se echan hacia atrás antes de comenzar a hablar. — Como bien sabes tengo un trabajo de administrador que mi hermano me traspasó hace unos años, así que puede dejar las cosas hechas y tomarme ciertas licencias.

Creo recordar que me dijiste algo de eso hace unos meses en la sala de espera del médico. Le contesto mientras miro la hora en el móvil, empieza a ser un poco tarde y este tío tiene mucho tiempo libre.

Hemos estados dos semanas por Sudamérica, la primera en la zona del Caribe y la segunda recorriendo algunas de las situaciones más emblemáticas. Por eso he cogido este moreno tan bestial.

Ha tenido que ser una pasada de viaje tío, ¿con quién te has ido? Si se puede saber.

Fue una locura Carles. Pedro, el hijo del médico que estaba en mi clase del colegio, y Alfonso, el hijo del dueño del Hotel que hay junto a la playa sur, fueron mis acompañantes en este fantástico viaje.

Miro por segunda vez el móvil y aprovecho para ponerles cara a sus dos amigos, los recuerdo vagamente de la época del colegio. Si  mi memoria no me falla eran los que marcaban las modas adolescentes con ropas traídas de la ciudad. Además tenían las mejoras notas, especialmente en inglés al viajar todos los veranos a Londres unas semanas.

¿Tú cómo estás? Me dice mientras me ofrece un cigarrillo.

Niego su ofrecimiento — No fumo — y saco un paquete de caramelos para la garganta.

La verdad es que estoy un poco enfadado tío.

¿Y eso? Contesta mientras me coge un caramelo.

Ayer, al llegar a casa del curro, me puse a cenar con las noticias del 24 horas y acabé muy cabreado cuando se pusieron a comentar los datos del paro. No paran de llamar trabajos a situaciones que rozan la humillación, un contrato de tres horas a la semana de refuerzo no es un trabajo y ellos los celebran, como si se acabara esta mierda de crisis.

Ya será menos Carles, me dice mientras tira la colilla del cigarrillo al suelo y la pisa.

En diez años he tenido una media de tres contratos al año: Semana Santa, Verano y Navidad.

¿Te da para vivir? Destapa el caramelo y lo introduce en su boca.

De momento si.

Se acerca a su coche, abre el maletero, saca una bolsa de deporte y las zapatillas de jugar al fútbol.
Mira la hora y me dice:

Carles es mejor quedarse con lo positivo, tienes para vivir y para comer, además todos esos trabajos animan a la gente y permite que el Estado con el dinero de todos nos les tenga que estar pagando por no hacer nada.

Llegado este momento miro el móvil, todavía faltan quince minutos para que comience mi turno y estoy a menos de diez de mi puesto de trabajo. Pero después de estas palabras decido finiquitar la conversación para evitar males mayores.

Tío me tengo que ir. Le enseño la hora en el móvil.

No te preocupes Carles, voy a dormir que ha sido una noche intensa y tengo que lavar la ropa para el partido de mañana.

Por cierto, antes de que te vayas, dale recuerdos a tu padre que hace mucho tiempo que no lo veo. Comento antes de echar a andar.

Si lo quieres ver tendrás que baja a la playa, se ha ido con mi madre a vivir al piso que tenemos frente al mar y me han dado este para que viva solo. Responde antes de comenzar su sinuoso camino hasta el portal de su casa.

No es mal tío y tiene razón, supongo que el haber dormido menos de seis horas ha nublado mi juicio. No puedo quejarme, tengo para pagar el alquiler, Netflix, GolTv y de vez en cuando puedo salir a cenar con los amigos. Supongo que será cuestión de perspectiva.

No hay comentarios:

Publicar un comentario